Ateneo Paraguayo

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Noticias

El Primer Mburuvicha Róga

Entrevista a Manuel Augusto Martínez Domínguez (Actual Director General del Ateneo Paraguayo)

28-07-2017

06-08-2017

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Eventos

Seminario de Historia del Arte

Las clases inician el 1 de Agosto e irán todos los Martes, de 18.30 a 20 horas. 

Ateneo Paraguayo (Nuestra Señora de la Asunción 820)

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Concierto 134 Aniversario 

Viernes 28 de Julio en el Ateneo Paraguayo.

Retira invitación en horarios de oficina.

Concierto Barroco: Una Cuestión de Gusto. 

Este jueves 10 de agosto en el Ateneo Paraguayo (Nuestra Señora de la Asunción 820) 

La entrada será libre y gratuita para el público.

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Asociación civil sin fines de lucro que presta servicios en pro del cultivo, la preservación,  la enseñanza y la difusión de las Artes, las Ciencias y las Letras.

Sobre Nosotros

El Ateneo Paraguayo celebra con "Dido y Eneas"

Se recuerda el aniversario número 134 de fundación del Ateneo Paraguayo. En recordación, se realizará un evento en el Salón Samudio de la mencionada entidad, ubicada en Ntra. Sra. de la Asunción 820 c/ Humaitá), desde las 20:00.

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Comisión Directiva del Ateneo presidida por Juan Francisco Recalde, en 1939. En la foto, aparecen, entre otros, Juan Carlos Moreno González, Jaime Bestard, Hérib Campos Cervera y Josefina Plá.Comisión Directiva del Ateneo presidida por Juan Francisco Recalde, en 1939. En la foto, aparecen, entre otros, Juan Carlos Moreno González, Jaime Bestard, Hérib Campos Cervera y Josefina Plá

 

El Ateneo Paraguayo fue fundado el 28 de Julio de 1883. Su acta de fundación, de puño y letra de un joven Cecilio Báez, la suscribe el acápite de la intelectualidad de ese tiempo. Si bien el nombre “Ateneo Paraguayo” no figura en el acta de aquella primera reunión, aparece desde las siguientes.


En fecha imprecisa de 1889, presumiblemente por desavenencias de índole política entre sus miembros, se disuelve el Ateneo, dejando a la sociedad paraguaya un legado de inestimable valor: la Universidad Nacional de Asunción. Gestada en su seno, la UNA abre sus puertas con las facultades de derecho, medicina y matemáticas.


En 1895 tiene lugar la fundación del “Instituto Paraguayo”, como reapertura del Ateneo que entrara en receso en 1889.


Si bien el Ateneo de antes de 1899 se presenta como un foro puramente literario, el Instituto se desarrolla como un centro de artes de gran relieve, organizado en secciones o departamentos, cuyos propósitos, conforme al artículo segundo de su estatuto, serán “cultivar el estudio de la música, fomentar el desarrollo de la literatura, proporcionar la enseñanza de idiomas, estimular los ejercicios físicos por medio de la gimnasia y la esgrima y extender sus fines de cultura cuando sus circunstancias lo permitan”.


Literalmente, el artículo 3ero de su estatuto reza: “Desde la fecha de la formación de la Sociedad, queda constituida una academia musical que será atendida con preferencia”. En el contexto de esta predilección, materializada en la Sección de Música del Instituto Paraguayo, actual Departamento de Educación Musical del Ateneo Paraguayo, es donde a principios del siglo XX encontramos al joven Agustín Pío Barrios tomando clases con el maestro Gustavo Sosa Escalada, entonces titular de la cátedra de guitarra, quien también era aficionado a las clases de box.


Posteriormente, junto a Sosa Escalada, encontramos como profesores a su discípulo Agustín Barrios y también al de éste, Dionisio Basualdo, quienes daban conciertos de guitarra con el concurso de Juan de la Cruz Samaniego y la joven Enriqueta González.


Durante sus primeros años, el Instituto Paraguayo funcionó en el palacio de Luís Patri (actual sede del Correo Paraguayo), socio honorario de la entidad, quien lo cedía gratuitamente.


Posteriormente, el Instituto se traslada al edificio que fuera la residencia presidencial de don Carlos Antonio López, en la esquina que forman las actuales calles Independencia Nacional y El Paraguayo Independiente, entonces llamada Buenos Aires, que le fue cedido en propiedad por Decreto Ley del 9 de junio de 1905. En el año 2007, luego de cincuenta años de ocupación de este inmueble por parte de la Policía Nacional, donde por décadas funcionó la motorizada, el entonces presidente del Ateneo, Manuel Martínez Domínguez, logra el reconocimiento del dominio de la propiedad, la que actualmente se alquila al estado para cuartel central de la Policía Urbana Especializada (PUE). Existe el proyecto de la reconstrucción, en ese mismo lugar, de la casa presidencial de Don Carlos, de la que el Ateneo posee fotografías, grabados y descripciones de su interior.

En 1913, ex alumnos del Instituto fundan el Gimnasio Paraguayo, entidad dedicada, al igual que su precursora, a la difusión de las artes, las letras y el cultivo de diferentes disciplinas atléticas, abocada a la consecución del helenístico ideal del gimnasio alemán decimonónico.


Del Gimnasio Paraguayo provienen el célebre decreto presidencial por el cual se reconocen los títulos y diplomas expedidos por la entidad, que le otorga amplia autonomía, así como el sello institucional usado hasta la fecha, que ostenta la efigie de la Palas Atenea crisoelefantina del Partenón, el más grande y famoso ateneum de la antigüedad.


El 22 de Diciembre de 1933, después de años de arduas negociaciones, se realiza la fusión del Gimnasio Paraguayo y el Instituto Paraguayo, con el nombre primigenio de Ateneo Paraguayo. El acta de fusión fue firmada el despacho del entonces Ministro de Instrucción Pública, Dr. Justo Prieto.

El nuevo Ateneo Paraguayo pasa a ocupar entonces el Palacio Barrios, en la esquina de Presidente Franco e Independencia Nacional (actual “Estacionamiento Ateneo”), donde permaneció hasta 1964, cuando compra y se traslada a la actual sede.

De esta manera, La historia del Ateneo Paraguayo puede concebir en tres etapas. La primera, que se inicia el 28 de julio de 1883 hasta su disolución en fecha imprecisa de 1889.. La segunda, que va desde su reapertura con el nombre de Instituto Paraguayo en 1895, hasta la fusión con el Gimnasio Paraguayo, en 1933. Esta etapa constituye la vida institucional de las dos entidades con los mismos fines: el Instituto como entidad madre, y el Gimnasio, como entidad hija, fundada en 1913; y la tercera, ue va desde 1933 hasta la actualidad, cuando aparece nuevamente la denominación de “Ateneo Paraguayo” y constituyen los últimos 80 años de vida institucional.


Los mejores exponentes de nuestra cultura pasaron por las aulas del Ateneo Paraguayo. El teatro, la literatura, la pintura y la música se vieron fortalecidos con el aporte de grandes talentos que recibieron formación en sus aulas. Nombres como Jaime Bestard, Olga Blinder, Edith Jiménez, María Elena Sachero, José Asunción Flores, Remberto Giménez, Agustín Pío Barrios, Herminio Giménez, Cayo Sila Godoy, Lilian Díez Serrano, Pedro Viedma, José Luís Miranda, Ercilia de Talavera, Cristina Vera Díaz y Diego Sánchez Haase hacen al alumnado sobresaliente que marcan hitos en el quehacer artístico nacional.
 

Actualmente, el Ateneo Paraguayo cuenta con tres Departamentos: Educación Musical, Artes Visuales, Artes Escénicas. Varios ilustres llevaron adelante las diferentes direcciones del Ateneo.


Departamento de Educación Musical: Nicolino Pellegrini, Salvatore Déntice (italianos), Miguel Morosoli (suizo), Fernando Centurión y Zayas, Remberto Giménez, Juan Carlos Moreno González, Ercilia Ruiz Díaz de Talavera, Margarita Prieto Yegros (paraguayos), Naomi Woodfin (estadounidense), y actualmente Álvaro Wilson Morel Aquino (paraguayo).


Departamento de Artes Visuales: Héctor Da Ponte (italiano), Pablo Alborno, Juan Anselmo Samudio, Jaime Bestard, Nélida Amábile y, actualmente, Gloria Valle (paraguayos).
 
Departamento de Artes Escénicas: Fernando Oca del Valle (español), Dessa de Bosco (húngara), Leandro Cacavelos, Mario Prono, María Elena Sachero, Gloria España Ruffinelli (paraguayos) y, el último, el uruguayo William Valverde García, fallecido en 2012.
 
Dirección General: esta dirección aparece a finales de la década de 1970. Ercilia Ruiz Díaz de Talavera, Margarita Prieto Yegros y, actualmente, Manuel Martínez Domínguez.
 
En el año 1972, Ercilia Ruiz Díaz de Talavera, la primera paraguaya con un masterado en educación musical y un bachellor en artes, estudios que los realizó en la Universidad de Nueva York, implementa en el Ateneo los “Programas de Educación Musical”. Este remarcable hecho lo hace que se constituya en el primer centro de estudio pedagógico-musical, y hasta la fecha, vanguardia en educación musical en el Paraguay.
 
En 2005, Alvaro Morel Aquino, actual director de su Departamento de Educación Musical, implementa por primera vez en nuestro país el mundialmente célebre Método Suzuki, el cual contempla la enseñanza de la guitarra clásica a niños desde los tres años de edad.
 
Sus programas de estudio son equiparables a los de prestigiosas universidades del extranjero, y son reconocidos por el Decreto No. 43474/32 del Superior Gobierno de la Nación, privilegio éste entre otros, que le fuera concedido en virtud a que fuera por varias décadas la casa rectora de todo el quehacer artístico de la nación.
 
Hoy, a los ciento treinta años de vida institucional, ostenta la presidencia del Ateneo Paraguayo la maestro guitarrista Narciso R. Colmán (h), autor de más de cien composiciones, en su mayoría obras para niños de un gran valor didáctico. Desde el año 1964 el Ateneo ocupa la casa solariega que perteneció a la familia Vierci Machaín.

Sobre nosotros

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Salón Primavera

El SALÓN DE PRIMAVERA DEL ATENEO es la muestra de pintura iniciada por Jaime Bestard y Julián de la Herrería (Andrés Campos Cervera) en 1936. En ella se han presentado los más depurados exponentes de la plástica paraguaya en el decurso de todos estos años.

 

Adquiere luego la forma de concurso, siendo por mucho tiempo la más prestigiosa premiación de nuestro medio con las tradicionales medallas de oro, plata y bronce. Posteriormente se suman otras disciplinas, como dibujo, y escultura, y se dirige a los jóvenes artistas.

Es organizado por el Departamento de Artes Visuales y está dirigido a jóvenes de 18 a 35 años, siendo libres el tema y la técnica.

Este Salón de Primavera, va dedicado a sus creadores, Jaime Bestard y Julián de la Herrería (Andrés Campos Cervera), que lo iniciaron en 1936, así como a los maestros de la pintura paraguaya relacionados con el Ateneo en carácter de profesores y alumnos: Héctor Da Ponte, Juan Anselmo Samudio, Pablo Alborno, Modesto Delgado Rodas, Ofelia Echagüe Vera, Roberto Holden Jara y Edith Jiménez. 

A los tradicionales premios, las medallas de oro, plata y bronce para los lugares primero, segundo y tercero respectivamente, se suma al primer premio una escultura de Juan Pablo Pistilli, realizada en homenaje al artista Hugo Pistilli, por muchos años impulsor de este concurso. 

Las medallas reproducen el perfil de Palas Atenea del Barbakeion, sello del Ateneo Paraguayo, en una interpretación del Arq. Rodolfo Mariotti.

 

 

 

 

Revista del Ateneo Paraguayo

Actividades del Ateneo publicadas en su Revista Setiembre de 1965, Vol. 2 No.1 y 2, donde se recuerda a su primer presidente: Benjamín Aceval.

 

La Revista del Instituto Paraguayo, de prestigio continental, fue la mejor publicación paraguaya de su tiempo. En su conjunto, los 64 números (muchos de ellos diseñados al estilo Art Nouveau en consonancia con las tendencias estéticas de la época) constituye hoy una preciada pieza de colección bibliográfica paraguaya.

Expresión cabal del Ateneo fueron sus publicaciones, durante los tres periodos de su historia: las del Ateneo decimonónico (1883-1889), las del Instituto y el Gimnasio Paraguayos (1895 – 1933), y nuevamente las publicaciones del reestructurado Ateneo Paraguayo (1933), que surge como la fusión del Instituto y el Gimnasio.

En su primera época (siglo XIX) fueron tres fascículos que vieron la luz en 1888, editadas separadamente pero con fecha conjunta (1888) e idéntico tamaño (25 x 16 cm), con el título de “Ateneo Paraguayo/Composiciones literarias”.

Un estudio pormenorizado de ellas lo hace Raúl Amaral en su artículo “El Primer Ateneo Paraguayo en la Cultura Nacional”, publicado en la Revista del Ateneo en junio de 1973, la número 5 correspondiente al volumen No. 3.

En la segunda época (1895 -1933), aparecen la “Revista del Instituto Paraguayo” y los “Anales del Gimnasio Paraguayo”.

El primer número apareció en octubre de 1896, al año siguiente de la fundación del Instituto. Ha realizado un interesante trabajo hemerográfico Margarita Kallsen, ex directora de la biblioteca Pablo VI de la Católica de Asunción.

Desde 1917, el Gimnasio edita su revista, llamada “Anales del Gimnasio Paraguayo”. Es clara la influencia francesa en la denominación “Anales”. Fueron en total 23 entregas.

Luego de algunas interrupciones, en 1928 la comisión directiva presidida por Fernando Centurión resuelve su reaparición, encargándose de su redacción los doctores Adolfo Aponte, Rodolfo Ritter, Juan León Mallorquín y Tomás Osuna, y los artistas plásticos Juan Anselmo Samudio y Modesto Delgado Rodas como directores artísticos.

Con la fusión del Instituto Paraguayo y el Gimnasio Paraguayo en diciembre de 1933, aparece nuevamente la denominación de Ateneo Paraguayo, iniciándose así su tercer periodo de vida institucional.

En 1940 reaparece la “Revista del Ateneo Paraguayo”. A lo largo de ocho años, que van de 1940 a 1947, aparecieron 19 números, según la cantidad obrante en la biblioteca del Ateneo. Es este el periodo de mayor frecuencia y asiduidad de la publicación.

No se tiene constancia de haber aparecido en la década de los años cincuenta.

Recién en los sesentas reaparece nuevamente, desde 1963 hasta 1965. En esta década cambia el ordenamiento de “Año” por el de “Volumen”, y la revista aparece lustrada por grabados vanguardistas de Lotte Schulz y Edith Jiménez.

En la década de los setentas, entre 1970 y 1973 aparecen cinco números agrupados todos bajo el Volumen 3”.

La revista No. 5 del volumen 3 correspondiente a junio de 1973 es la última de la que se tiene noticia, y lleva en su tapa, como digno homenaje al padre del teatro paraguayo, una fotografía de Fernando Oca del Valle.

Así, bajo la nomenclatura de Volumen 4 No. 1, 41 años después, nos complacemos en presentar nuevamente la publicación iniciada en 1888.

“La Revista del Ateneo Paraguayo vuelve porque algo insiste en presentar trabajos literarios de la comunidad paraguaya. Por eso la reeditamos. En su constitución misma estuvo la voluntad de difundir las creaciones artísticas de los paraguayos. Este es el algo que insiste. Y este algo tiene mucho que ver con el binomio creación – difusión” señala Genaro Riera Hunter.

Creación y difusión es un binomio necesario para el Ateneo y la comunidad paraguaya toda; es lo que mejor traduce, revela, hace visible la consistencia de la causa de la institución.

“Pudimos lograr conformar, para este número, un activo equipo de trabajo; un equipo en el que cada uno pudo poner lo mejor de sí al saber reconocer cada quien sus limitaciones y las aptitudes del otro. En este número publicamos ensayos y poesías. Esperamos que los intervalos no sean tan prolongados pero si lo suficiente como para alimentar la falta necesaria que estimula el seguir promoviendo la producción artística que el binomio creación – difusión asegura” explicó por último Genaro Riera Hunter.

Hacía 43 años que había concluido la patria vieja en Cerro Corá. Hacía 30 años que se había fundado el primer Ateneo Paraguayo, la primera y principal entidad cultural, apenas terminado el Holocausto. Es cierto que ese primer Ateneo duró poco, pero sus miembros primigenios van a estar antes de la creación del Gimnasio Paraguayo, unidos en la creación del Colegio Nacional (1878), entidad de enseñanza secundaria, de brillante e ininterrumpida labor en este país. Su apertura fue una hazaña, en medio de la pobreza general. Era un tiempo de ser patriotas y tener mística. De ese primer Ateneo van a surgir las fuerzas que abrieron las puertas de la Universidad Nacional (1889), verdadero solaz de la cultura en una época en que la palabra universidad tenía un sentido erasmista, humanístico y científico.

La aparición del Gimnasio Paraguayo, hace 100 años, no fue una sorpresa, pero sí fue novedoso el hecho de que sus miembros fueron generalmente coetáneos y casi todos ellos unidos en el haber realizado sus estudios en el extranjero. Es decir, poseían un mundo ampliado por el conocimiento y por desear aplicar ello al país, como lo testimonia ese afán de crear un instituto cultural que los cobijara.

 

 

 

 

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Gimnasio Paraguayo

Por el Dr. Pedro Gamarra Doldán

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hacía 43 años que había concluido la patria vieja en Cerro Corá. Hacía 30 años que se había fundado el primer Ateneo Paraguayo, la primera y principal entidad cultural, apenas terminado el Holocausto. Es cierto que ese primer Ateneo duró poco, pero sus miembros primigenios van a estar antes de la creación del Gimnasio Paraguayo, unidos en la creación del Colegio Nacional (1878), entidad de enseñanza secundaria, de brillante e ininterrumpida labor en este país. Su apertura fue una hazaña, en medio de la pobreza general. Era un tiempo de ser patriotas y tener mística. De ese primer Ateneo van a surgir las fuerzas que abrieron las puertas de la Universidad Nacional (1889), verdadero solaz de la cultura en una época en que la palabra universidad tenía un sentido erasmista, humanístico y científico.

La aparición del Gimnasio Paraguayo, hace 100 años, no fue una sorpresa, pero sí fue novedoso el hecho de que sus miembros fueron generalmente coetáneos y casi todos ellos unidos en el haber realizado sus estudios en el extranjero. Es decir, poseían un mundo ampliado por el conocimiento y por desear aplicar ello al país, como lo testimonia ese afán de crear un instituto cultural que los cobijara.

Los que suscribieron el acta fundacional van a ser personas de alto significado universitario e intelectual. Plurales en su pensamiento y acción. Son ellos: Manuel Peña, Venancio B. Galeano, Juan Francisco Recalde, Enrique Bordenave, Fernando Centurión, Francisco Almeida, Tomás Osuna, Juan A. Samudio, Modesto Delgado Rodas, Pablo Alborno, Federico Jara, Federico García, Juan Bautista Nacimiento, Rogelio Urízar, Luis Enrique Migone, Eduardo Elizeche Vallejos, Justo Pastor Vera, Ramón Sosa, Agustín Muñoz, Roque Samaniego, Onésimo González, Demetrio Segovia, Luis Valdez.

Otros socios que se incorporaran son: Luis Ortellado, Enrique Daumas Ladouce, Luis de Gásperi, Alvarín Romero, Pedro Bruno Guggiari, Ernesto Velázquez, Ricardo Odriozola, Cipriano Codas, Guillermo Tell Bertoni, Ramón I. Cardozo, Tomás B. Appleyard, Rogelio Livieres, Juan Stefanich, Pablo Max Insfrán, Eliseo Sisa, Julio Frontanilla, Pedro Ciancio, Mateo Talía, Ismael Candia, Cptan. José Souza Lobos, Armín Seifart, Rufino R. Recalde, Emiliano Gómez Ríos, Rufino R. Recalde, Rodolfo Ritter, Eduardo Peña, Príncipe Sergio Toumanoff, Alejandro Volpe, Pastor Urbieta Rojas, padre Lorenzo Pérez Velloso, Justo P. Prieto, Adolfo V. Lataza, Mauricio A. Berthomier, Leopoldo Ramos Giménez, José Apesteguia, Luis A. Berthomier, Gaspar M. Cabrera, Rogelio Espinoza, Elvira Mernes de Galeano, Teresa Lamas de Rodríguez Alcalá, Asunción González de González, Exa Acosta de Nacimiento, Isabel Llamosas, Dina Encina, Josefina Pecci, Lila Pérez Encina, María Felicidad González, Pedro Marés, Ángela Gómez Sánchez, Fermín Uliambre, Luis A. Riart (h), Andrés A. Rivarola, Salvador Villagra Maffiodo, Gustavo González, Teodosio González, Juan V. Ramírez, Francisco Ortiz Méndez, Wilkifred Bertoni, Domingo Franchi, Enrique Prous, Benjamín Velilla, Jaime Bestard, entre un largo etcétera.

De esta lista escueta es notable encontrar gran cantidad de escritores, cientistas, artistas, comerciantes y maestros. De todos ellos, cabe mencionar la inclusión en la directiva de damas y señoritas; primero formando subcomisiones, luego integrando el cuerpo superior, hecho que señala el valoramiento secuencial de las mujeres en la labor cultural e incluso de la meritoria labor de estas, que permitió darles ingreso por méritos propios y no por un simple acto de favor.

Lastimosamente, solo se conservan pocos documentos del Gimnasio, tales como actas de sesiones de su directiva, que revelen a los socios en su calidad, cantidad, plenitud de las sesiones realizadas e incluso así poder tomar la presión cultural en sus temas tratados. Nótese que en el periodo que revelan estas actas precitadas se halla la Primera Guerra Mundial, la Guerra Civil del 22 al 23, la Guerra del Chaco, hecho ocurrido en sus últimas sesiones.

 

EL ESPÍRITU SOCIAL AGURAL

Al iniciarse su vida, el Gimnasio Paraguayo reunía a jóvenes venidos casi todos del extranjero. La edad era la de la mucha juventud. Habían estudiado en Francia, Italia, Argentina, EE. UU., entre otros países.

El Paraguay tenía unos 700.000 habitantes y su capital llegaba a los 70.000. Era presidente de la República don Eduardo Schaerer. Será el primer presidente civil que concluirá su mandato presidencial (1912-1916) sin mayores problemas, que no fuera un débil alzamiento capitalino el 1 de enero de 1915.

Se vivía en plena libertad política y cultural. En general, el periodo que va entre 1912 a 1932, vísperas de la Guerra del Chaco, se va a caracterizar por su espíritu de desarrollo civil, de obras urbanísticas en Asunción, y de desarrollo cultural. En lo social, el avance es menor. Se puede ver en la prensa de esos años el deseo de vivir, leer o escribir al día. El Paraguay quería actualizarse, conocer ideas y pensamientos. Militaron los socios del Gimnasio en diversos partidos e ideologías, pero dentro de un respeto muy destacable.

 

ESTÉTICA DE LA ENTIDAD

El Gimnasio Paraguayo fue una entidad de plurales ideas y de metas muy directas.

Sus miembros fueron solo varones al comienzo, pero dieron lugar a la presencia femenina y a sus obras. Sus integrantes eran universitarios de ideología básicamente liberal. Eran libertarios. De la cita de sus miembros emergen, sin embargo, diversos pensadores. Así, socialistas como Anselmo Jover Peralta; de aguda raigambre universitaria, como Justo Prieto; vinculados al medioambiente, como los hermanos Guillermo Tell y Wilkifred Bertoni.

De entre los artistas (y escritores) iniciales, emerge hacia 1930, Jaime Bestard, que formará la nueva pintura paraguaya.

El Gimnasio Paraguayo tenía el tinte y la constante de que sus miembros con gran sencillez y la austeridad propia de amor a la cultura, y de toda la vida, buscarán el crecimiento en conocimiento del país, en la creación, la opinión, el pensamiento y el respeto estético e ideológico.

La estética de sus poetas y prosistas no se alejara mucho del modernismo, del romanticismo, del realismo. No serán revolucionarios ni innovadores en la obra. Su creación innovadora estará principalmente en ello, en crear auténticos hombres de cultura y de vivencia propia, a no dudarlo. Además, el conflicto del Chaco era inminente y en ello estaba parte del ideal y el compromiso en lo autoral, como significación nacional.

 

LA REVISTA DEL GIMNASIO PARAGUAYO

Apenas iniciaba la institución, se dotó de una revista que va a durar casi toda su existencia (1913-1934), llamada Anales, sumamente importante y de alto valor significativo. Fueron en total 23 entregas: de julio de 1917 a febrero de 1934.

Mucho protagonismo tendrán en la aparición de esa revista: Manuel Peña y Venancio B. Galeano. El primero fue también médico y periodista. Será ministro de Relaciones Exteriores entre 1924 y 1925, durante el gobierno de Eligio Ayala, cargo y año último aquel en que fallece con escasos 38 años de vida. El segundo tendrá por sí, y por su señora, alta vinculación con la educación.

 

POR QUÉ EL NOMBRE DE GIMNASIO PARAGUAYO

Eran palabras destacables en la antigua Grecia, algunas como academia, gimnasio. El arte y el ejercicio no se contradecían. En la antigüedad, en las pretéritas olimpiadas, las competencias atléticas eran seguidas o acompañadas por concursos musicales, o de canto o teatro. El sentido de la palabra estética era bien dinámico.

De allí que los jóvenes formadores del Gimnasio Paraguayo hayan optado por el denominador de Gimnasio, por reunirse entre sus estudios el de la esgrima, por ejemplo. Igual que antes en Grecia buscaban ese momento en conjugarse ambas actividades.

Fíjense que el Instituto Paraguayo, anterior al Gimnasio, y que juntos van a cofundar el Ateneo Paraguayo, es uno de los introductores del fútbol en nuestro medio. Así, en 1901, en la Plaza de Armas, frente a El Cabildo, se disputa uno de los primeros partidos de fútbol del país. Ello de seguro porque muchos de los que conformaban estas disciplinas deportivas participaban también de aquellas tenidas en el día de hoy, de testimonio, cultural de creación literaria o actividad artística.

Fíjense en el emblema del Ateneo Paraguayo, que hoy cobija nuestra reunión: es la figura de la diosa Palas Atenea.

 

PRINCIPALES ACTIVIDADES CONOCIDAS

Trataremos ahora de rememorar, a través de las pocas actas, revistas, folleterías, las principales actividades que realizaron los miembros del Gimnasio Paraguayo en sus 20 años de existencia.

En 1914 dan cuenta de haber realizado el año anterior homenaje a la presencia en el país de Theodore Roosevelt, presidente de los EE. UU., que nos visitara, al igual que el ilustre historiador y político uruguayo Luis Alberto de Herrera. Se destaca también un homenaje al insigne poeta nacional Eloy Fariña Núñez, que vivía en Buenos Aires, pero que transmitía aún la emoción patria en “su canto secular”, de efecto estético, memorativo y costumbrista muy importante.

En 1923, se agradece al Banco Agrícola del Paraguay la provisión de tres máquinas para hilar algodón, tipo industrial. Son entregadas a escuelas agrícolas de Paraguarí, Yaguarón y Tobatí.

En 1924, se convoca a un concurso de obras teatrales, con la participación por la institución de Anselmo Jover Peralta, Luis Ruffinelli y Luis Migone. Luego, se especifica que el género será de drama y comedia.

Se organiza una fiesta teatral, un baile de fantasía y una velada.

Son designados representantes en congresos de la Academia Americana de la Historia (12/10/1924), en Buenos Aires, y en el Congreso Internacional de Economía Social, también en Buenos Aires, en la misma fecha, los señores Fulgencio R. Moreno, Juan Natalicio González y Eloy Fariña Núñez.

Se organiza una exposición pictórica y una de artes manuales (tejidos y teñidos).

En 1925, se homenajea a Juan E. O’Leary, conocedores de su viaje a Europa. Se lo nombra como representante del Gimnasio ante el Ateneo de Madrid.

Se realiza una exposición de obras de Andrés Campos Cervera, con su nombre civil. Recién mucho más tarde será conocido por su seudónimo.

Se da cuenta del inicio de actividades de la Sociedad de Autores Paraguayos.

En 1925, también da clases de inglés la aún señorita Beatriz Mernes, que se casará poco después con el Dr. Justo P. Prieto, poco más tarde, ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública, y que tendrá decisiva participación en la fusión del Instituto y el Gimnasio Paraguayo.-

El mismo año, da clase de recitado la señorita Lidia Frutos, que poco después contraerá nupcias con el escritor y político Natalicio González, quien en 1948 es presidente de la República. Siendo ministro de Hacienda, en 1946, autorizó y se da inicio a lo que se pretendió fuera un Palacio de Bellas Artes, en el inmueble sito en El Paraguayo Independiente, propiedad para ese entonces del recreado Ateneo Paraguayo.

En 1926, se nombró representante ante la Liga de las Naciones al Dr. Juan Stefanich, notable internacionalista paraguayo y estudioso de la obra de este instituto internacional. En 1936, el Dr. Stefanich será ministro de Relaciones Exteriores.

En 1927, se suspende una sesión al darse a conocimiento del fallecimiento de Manuel Gondra.

En 1927, en el evento cultural de música, recitado y canto participan, entre otras: Aida Gómez, Rosa Marés, Lilia Arza, Princesa Nadine Toumanoff, Josefina Sapena Pastor.Se exponen tejidos indianos.

En 1927, expresa la directiva su deseo de obtener la personería jurídica de la entidad.Se dan premios por manualidades.

En 1928, se organizan conciertos musicales e instrumentales. Se realiza uno a beneficio de la Cruz Roja Paraguaya, en el que participan Silvia Echague, Anita Brun de Guggiari, Ofelia Barreiro Battilana, Judith Pusineri, Raquel Sáenz, María Silvia Cuevas, Cármen Silvia Centurión, Perla Ruffinelli. Comienza a tratarse por ciertos en los diarios de una posible fusión con el Instituto Paraguayo.Se daban las siguientes clases: Música, Dibujo, Francés, Violín, Inglés, Recitado, Esgrima y Alemán.Se imparten clases prácticas para señoritas, para el proyecto de un liceo educativo, cuya mentora principal es la señora Elvira Mernes de Galeano.Se organizan talleres de artes decorativos.

Prosiguen las labores para un liceo femenino, en las que participan Teresa Lamas de Rodríguez Alcalá, Asunción González de González y Elvira Mernes de Galeano.

En 1931, se dan clases de arte culinario. Se proyecta crear la base de lo que debe ser la mezcla del pan nacional: trigo, maíz y mandioca.Cursos de ñandutíes para comercialización y decoración.Se incentiva la creación de platos de comidas nacionales y postres extranjeros.Cursos de cultura física y enseñanza de didáctica.

 

PRESENCIA DE LA MUJER

El Gimnasio Paraguayo tuvo inicialmente una subcomisión de mujeres y señoritas que demostraron haber trabajado bien, hecho que posibilita que la entidad realice modificaciones de los estatutos; tanto es así que esto va a permitir la presencia de mujeres en la comisión directiva.

Surgen nítidas las labores de efectividad de Elvira Mernes de Galeano, Teresa Lamas de Rodríguez Alcalá, Asunción González de González, entre otras, que van a darle un giro a la labor directriz de la mujer en la cultura.

Ello permitirá presentar, a través de la señora Elvira Mernes de Galeano, un proyecto de creación de liceo para señoritas, comparado al Colegio Nacional, cuyo plan de estudio será:

Primer año: Contabilidad, Francés, Inglés, Geografía, Recitado, Dactilografía, Literatura.

Segundo año: Contabilidad, Francés, Inglés, Economía, Doméstica, Literatura, Taquigrafía y Enfermería.

Este plan, presentado en 1930, en el Gimnasio, no se pudo concretar, pero, en 1933, la señora Beatriz Mernes de Prieto, integrante de esa institución, va a crear el Secretariado de Niñas, que durará por cuatro décadas hasta volverse el Instituto Superior de Relaciones Públicas y, finalmente, llegará a la pujante actual Universidad Comuneros.

 

LA FUSIÓN CULTURAL

Como dijimos con anterioridad, en 1883, se crea el Instituto Paraguayo, que durara solo dos o tres años. En 1895, se crea el Instituto Paraguayo. En 1913 aparece el Gimnasio Paraguayo.

La vida cultural de Asunción no daba pie aún para la existencia simultánea de esas dos entidades, y de otras, al mismo tiempo.

Como ya se dijo, en 1930 comienzan a aparecer ciertas tratativas entre estas dos entidades sobre la búsqueda de innovaciones.

En 1931 prosiguen las conversaciones dichas, ya con representantes nominados por el Gimnasio: Venancio B. Galeano y Baltazar Ballario. Por el Instituto Paraguayo: Federico Chaves y Adolfo Antúnez. Participa un tercer miembro: él Círculo de Escritores y Artistas, con Arsenio López Decoud y Arturo Alsina.

En el entorno de concluir, se establece inicialmente que el Instituto y el Círculo de Escritores y Artistas tendrán ocho miembros en la directiva, y el Gimnasio con la Asociación de Escritores y Artistas también ocho.

Al año siguiente, al asumir el 15 de agosto de 1932 la presidencia de la República el Dr. Eusebio Ayala, nombró este como ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública al Dr. Justo P. Prieto. Este, pese al estallido del conflicto en el Chaco, le dio un giro decisivo a esas negociaciones y así, entre diciembre de 1932 y enero de 1933, estas llegaban a feliz término. El Instituto y el Círculo de Escritores y Artistas nominan a siete miembros para la directiva, al igual que el Gimnasio Paraguayo y el Círculo Femenino. El miembro n.º 15 de la comisión directiva sería nominado por el propio ministro antes citado.

Así fue que, por acta del 26 de diciembre de 1933, convalidada por la Asamblea General Extraordinaria del 21 de enero de 1934, el Gimnasio Paraguayo daba por asentido por directiva y socios el proyecto de fusión.

Cabe mencionar que los citados documentos prescriben que en el estatuto que surgía debía decir que el nombre de la entidad era Ateneo Paraguayo (primitivamente Instituto Paraguayo y Gimnasio Paraguayo), disposición que lastimosamente no se ha cumplido, ya que en todas las actas, desde 1934, he visto mencionar solo el nombre de Ateneo Paraguayo, no así su origen, aunque claro sí el del Ateneo Paraguayo, surgido en 1883.

Por otro lado, apasiona ver que esta fusión de la intelectualidad más respetable del país se hacía en pleno conflicto del Chaco.

 

 

 

 

 

gallery/gimnasio paraguayo

Comisión Directiva del Ateneo presidida por Juan Francisco Recalde, en 1939. En la foto, aparecen, entre otros, Juan Carlos Moreno González, Jaime Bestard, Hérib Campos Cervera y Josefina Plá.Comisión Directiva del Ateneo presidida por Juan Francisco Recalde, en 1939. En la foto, aparecen, entre otros, Juan Carlos Moreno González, Jaime Bestard, Hérib Campos Cervera y Josefina Plá

 

El Ateneo Paraguayo fue fundado el 28 de Julio de 1883. Su acta de fundación, de puño y letra de un joven Cecilio Báez, la suscribe el acápite de la intelectualidad de ese tiempo. Si bien el nombre “Ateneo Paraguayo” no figura en el acta de aquella primera reunión, aparece desde las siguientes.


En fecha imprecisa de 1889, presumiblemente por desavenencias de índole política entre sus miembros, se disuelve el Ateneo, dejando a la sociedad paraguaya un legado de inestimable valor: la Universidad Nacional de Asunción. Gestada en su seno, la UNA abre sus puertas con las facultades de derecho, medicina y matemáticas.


En 1895 tiene lugar la fundación del “Instituto Paraguayo”, como reapertura del Ateneo que entrara en receso en 1889.


Si bien el Ateneo de antes de 1899 se presenta como un foro puramente literario, el Instituto se desarrolla como un centro de artes de gran relieve, organizado en secciones o departamentos, cuyos propósitos, conforme al artículo segundo de su estatuto, serán “cultivar el estudio de la música, fomentar el desarrollo de la literatura, proporcionar la enseñanza de idiomas, estimular los ejercicios físicos por medio de la gimnasia y la esgrima y extender sus fines de cultura cuando sus circunstancias lo permitan”.


Literalmente, el artículo 3ero de su estatuto reza: “Desde la fecha de la formación de la Sociedad, queda constituida una academia musical que será atendida con preferencia”. En el contexto de esta predilección, materializada en la Sección de Música del Instituto Paraguayo, actual Departamento de Educación Musical del Ateneo Paraguayo, es donde a principios del siglo XX encontramos al joven Agustín Pío Barrios tomando clases con el maestro Gustavo Sosa Escalada, entonces titular de la cátedra de guitarra, quien también era aficionado a las clases de box.


Posteriormente, junto a Sosa Escalada, encontramos como profesores a su discípulo Agustín Barrios y también al de éste, Dionisio Basualdo, quienes daban conciertos de guitarra con el concurso de Juan de la Cruz Samaniego y la joven Enriqueta González.


Durante sus primeros años, el Instituto Paraguayo funcionó en el palacio de Luís Patri (actual sede del Correo Paraguayo), socio honorario de la entidad, quien lo cedía gratuitamente.


Posteriormente, el Instituto se traslada al edificio que fuera la residencia presidencial de don Carlos Antonio López, en la esquina que forman las actuales calles Independencia Nacional y El Paraguayo Independiente, entonces llamada Buenos Aires, que le fue cedido en propiedad por Decreto Ley del 9 de junio de 1905. En el año 2007, luego de cincuenta años de ocupación de este inmueble por parte de la Policía Nacional, donde por décadas funcionó la motorizada, el entonces presidente del Ateneo, Manuel Martínez Domínguez, logra el reconocimiento del dominio de la propiedad, la que actualmente se alquila al estado para cuartel central de la Policía Urbana Especializada (PUE). Existe el proyecto de la reconstrucción, en ese mismo lugar, de la casa presidencial de Don Carlos, de la que el Ateneo posee fotografías, grabados y descripciones de su interior.

En 1913, ex alumnos del Instituto fundan el Gimnasio Paraguayo, entidad dedicada, al igual que su precursora, a la difusión de las artes, las letras y el cultivo de diferentes disciplinas atléticas, abocada a la consecución del helenístico ideal del gimnasio alemán decimonónico.


Del Gimnasio Paraguayo provienen el célebre decreto presidencial por el cual se reconocen los títulos y diplomas expedidos por la entidad, que le otorga amplia autonomía, así como el sello institucional usado hasta la fecha, que ostenta la efigie de la Palas Atenea crisoelefantina del Partenón, el más grande y famoso ateneum de la antigüedad.


El 22 de Diciembre de 1933, después de años de arduas negociaciones, se realiza la fusión del Gimnasio Paraguayo y el Instituto Paraguayo, con el nombre primigenio de Ateneo Paraguayo. El acta de fusión fue firmada el despacho del entonces Ministro de Instrucción Pública, Dr. Justo Prieto.

El nuevo Ateneo Paraguayo pasa a ocupar entonces el Palacio Barrios, en la esquina de Presidente Franco e Independencia Nacional (actual “Estacionamiento Ateneo”), donde permaneció hasta 1964, cuando compra y se traslada a la actual sede.

De esta manera, La historia del Ateneo Paraguayo puede concebir en tres etapas. La primera, que se inicia el 28 de julio de 1883 hasta su disolución en fecha imprecisa de 1889.. La segunda, que va desde su reapertura con el nombre de Instituto Paraguayo en 1895, hasta la fusión con el Gimnasio Paraguayo, en 1933. Esta etapa constituye la vida institucional de las dos entidades con los mismos fines: el Instituto como entidad madre, y el Gimnasio, como entidad hija, fundada en 1913; y la tercera, ue va desde 1933 hasta la actualidad, cuando aparece nuevamente la denominación de “Ateneo Paraguayo” y constituyen los últimos 80 años de vida institucional.


Los mejores exponentes de nuestra cultura pasaron por las aulas del Ateneo Paraguayo. El teatro, la literatura, la pintura y la música se vieron fortalecidos con el aporte de grandes talentos que recibieron formación en sus aulas. Nombres como Jaime Bestard, Olga Blinder, Edith Jiménez, María Elena Sachero, José Asunción Flores, Remberto Giménez, Agustín Pío Barrios, Herminio Giménez, Cayo Sila Godoy, Lilian Díez Serrano, Pedro Viedma, José Luís Miranda, Ercilia de Talavera, Cristina Vera Díaz y Diego Sánchez Haase hacen al alumnado sobresaliente que marcan hitos en el quehacer artístico nacional.
 

Actualmente, el Ateneo Paraguayo cuenta con tres Departamentos: Educación Musical, Artes Visuales, Artes Escénicas. Varios ilustres llevaron adelante las diferentes direcciones del Ateneo.


Departamento de Educación Musical: Nicolino Pellegrini, Salvatore Déntice (italianos), Miguel Morosoli (suizo), Fernando Centurión y Zayas, Remberto Giménez, Juan Carlos Moreno González, Ercilia Ruiz Díaz de Talavera, Margarita Prieto Yegros (paraguayos), Naomi Woodfin (estadounidense), y actualmente Álvaro Wilson Morel Aquino (paraguayo).


Departamento de Artes Visuales: Héctor Da Ponte (italiano), Pablo Alborno, Juan Anselmo Samudio, Jaime Bestard, Nélida Amábile y, actualmente, Gloria Valle (paraguayos).
 
Departamento de Artes Escénicas: Fernando Oca del Valle (español), Dessa de Bosco (húngara), Leandro Cacavelos, Mario Prono, María Elena Sachero, Gloria España Ruffinelli (paraguayos) y, el último, el uruguayo William Valverde García, fallecido en 2012.
 
Dirección General: esta dirección aparece a finales de la década de 1970. Ercilia Ruiz Díaz de Talavera, Margarita Prieto Yegros y, actualmente, Manuel Martínez Domínguez.
 
En el año 1972, Ercilia Ruiz Díaz de Talavera, la primera paraguaya con un masterado en educación musical y un bachellor en artes, estudios que los realizó en la Universidad de Nueva York, implementa en el Ateneo los “Programas de Educación Musical”. Este remarcable hecho lo hace que se constituya en el primer centro de estudio pedagógico-musical, y hasta la fecha, vanguardia en educación musical en el Paraguay.
 
En 2005, Alvaro Morel Aquino, actual director de su Departamento de Educación Musical, implementa por primera vez en nuestro país el mundialmente célebre Método Suzuki, el cual contempla la enseñanza de la guitarra clásica a niños desde los tres años de edad.
 
Sus programas de estudio son equiparables a los de prestigiosas universidades del extranjero, y son reconocidos por el Decreto No. 43474/32 del Superior Gobierno de la Nación, privilegio éste entre otros, que le fuera concedido en virtud a que fuera por varias décadas la casa rectora de todo el quehacer artístico de la nación.
 
Hoy, a los ciento treinta años de vida institucional, ostenta la presidencia del Ateneo Paraguayo la maestro guitarrista Narciso R. Colmán (h), autor de más de cien composiciones, en su mayoría obras para niños de un gran valor didáctico. Desde el año 1964 el Ateneo ocupa la casa solariega que perteneció a la familia Vierci Machaín.

Revista del Ateneo Paraguayo

Actividades del Ateneo publicadas en su Revista Setiembre de 1965, Vol. 2 No.1 y 2, donde se recuerda a su primer presidente: Benjamín Aceval.

 

La Revista del Instituto Paraguayo, de prestigio continental, fue la mejor publicación paraguaya de su tiempo. En su conjunto, los 64 números (muchos de ellos diseñados al estilo Art Nouveau en consonancia con las tendencias estéticas de la época) constituye hoy una preciada pieza de colección bibliográfica paraguaya.

Expresión cabal del Ateneo fueron sus publicaciones, durante los tres periodos de su historia: las del Ateneo decimonónico (1883-1889), las del Instituto y el Gimnasio Paraguayos (1895 – 1933), y nuevamente las publicaciones del reestructurado Ateneo Paraguayo (1933), que surge como la fusión del Instituto y el Gimnasio.

En su primera época (siglo XIX) fueron tres fascículos que vieron la luz en 1888, editadas separadamente pero con fecha conjunta (1888) e idéntico tamaño (25 x 16 cm), con el título de “Ateneo Paraguayo/Composiciones literarias”.

Un estudio pormenorizado de ellas lo hace Raúl Amaral en su artículo “El Primer Ateneo Paraguayo en la Cultura Nacional”, publicado en la Revista del Ateneo en junio de 1973, la número 5 correspondiente al volumen No. 3.

En la segunda época (1895 -1933), aparecen la “Revista del Instituto Paraguayo” y los “Anales del Gimnasio Paraguayo”.

El primer número apareció en octubre de 1896, al año siguiente de la fundación del Instituto. Ha realizado un interesante trabajo hemerográfico Margarita Kallsen, ex directora de la biblioteca Pablo VI de la Católica de Asunción.

Desde 1917, el Gimnasio edita su revista, llamada “Anales del Gimnasio Paraguayo”. Es clara la influencia francesa en la denominación “Anales”. Fueron en total 23 entregas.

Luego de algunas interrupciones, en 1928 la comisión directiva presidida por Fernando Centurión resuelve su reaparición, encargándose de su redacción los doctores Adolfo Aponte, Rodolfo Ritter, Juan León Mallorquín y Tomás Osuna, y los artistas plásticos Juan Anselmo Samudio y Modesto Delgado Rodas como directores artísticos.

Con la fusión del Instituto Paraguayo y el Gimnasio Paraguayo en diciembre de 1933, aparece nuevamente la denominación de Ateneo Paraguayo, iniciándose así su tercer periodo de vida institucional.

En 1940 reaparece la “Revista del Ateneo Paraguayo”. A lo largo de ocho años, que van de 1940 a 1947, aparecieron 19 números, según la cantidad obrante en la biblioteca del Ateneo. Es este el periodo de mayor frecuencia y asiduidad de la publicación.

No se tiene constancia de haber aparecido en la década de los años cincuenta.

Recién en los sesentas reaparece nuevamente, desde 1963 hasta 1965. En esta década cambia el ordenamiento de “Año” por el de “Volumen”, y la revista aparece lustrada por grabados vanguardistas de Lotte Schulz y Edith Jiménez.

En la década de los setentas, entre 1970 y 1973 aparecen cinco números agrupados todos bajo el Volumen 3”.

La revista No. 5 del volumen 3 correspondiente a junio de 1973 es la última de la que se tiene noticia, y lleva en su tapa, como digno homenaje al padre del teatro paraguayo, una fotografía de Fernando Oca del Valle.

Así, bajo la nomenclatura de Volumen 4 No. 1, 41 años después, nos complacemos en presentar nuevamente la publicación iniciada en 1888.

“La Revista del Ateneo Paraguayo vuelve porque algo insiste en presentar trabajos literarios de la comunidad paraguaya. Por eso la reeditamos. En su constitución misma estuvo la voluntad de difundir las creaciones artísticas de los paraguayos. Este es el algo que insiste. Y este algo tiene mucho que ver con el binomio creación – difusión” señala Genaro Riera Hunter.

Creación y difusión es un binomio necesario para el Ateneo y la comunidad paraguaya toda; es lo que mejor traduce, revela, hace visible la consistencia de la causa de la institución.

“Pudimos lograr conformar, para este número, un activo equipo de trabajo; un equipo en el que cada uno pudo poner lo mejor de sí al saber reconocer cada quien sus limitaciones y las aptitudes del otro. En este número publicamos ensayos y poesías. Esperamos que los intervalos no sean tan prolongados pero si lo suficiente como para alimentar la falta necesaria que estimula el seguir promoviendo la producción artística que el binomio creación – difusión asegura” explicó por último Genaro Riera Hunter.

Hacía 43 años que había concluido la patria vieja en Cerro Corá. Hacía 30 años que se había fundado el primer Ateneo Paraguayo, la primera y principal entidad cultural, apenas terminado el Holocausto. Es cierto que ese primer Ateneo duró poco, pero sus miembros primigenios van a estar antes de la creación del Gimnasio Paraguayo, unidos en la creación del Colegio Nacional (1878), entidad de enseñanza secundaria, de brillante e ininterrumpida labor en este país. Su apertura fue una hazaña, en medio de la pobreza general. Era un tiempo de ser patriotas y tener mística. De ese primer Ateneo van a surgir las fuerzas que abrieron las puertas de la Universidad Nacional (1889), verdadero solaz de la cultura en una época en que la palabra universidad tenía un sentido erasmista, humanístico y científico.

La aparición del Gimnasio Paraguayo, hace 100 años, no fue una sorpresa, pero sí fue novedoso el hecho de que sus miembros fueron generalmente coetáneos y casi todos ellos unidos en el haber realizado sus estudios en el extranjero. Es decir, poseían un mundo ampliado por el conocimiento y por desear aplicar ello al país, como lo testimonia ese afán de crear un instituto cultural que los cobijara.

 

 

 

 

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